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Campañas y eventos

El VIII Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España es un relato del momento de incertidumbre en el que nos encontramos, realizado al servicio de nuestros decisores políticos y de la sociedad en su conjunto. Una mirada a nuestra cohesión social que se retrotrae a cómo vivimos y reaccionamos ante la gran recesión y cómo estamos enfocando la salida. Una historia que da cuenta de las consecuencias de la crisis en la poscrisis.

En el año 2007, cuando presentamos nuestro VI Informe, en un contexto socioeconómico muy favorable, donde no se percibía lo que sucedería meses después, pusimos sobre la mesa que el 16,4% de la población en España se encontraba en el espacio de la exclusión social. Nuestro modelo social, a pesar de años de expansión económica y crecimiento, dejaba de lado a un grupo relevante de la sociedad y no lo veíamos... o simplemente no se quería ver porque habían dejado de contar como resultado... o incluso se enjuiciaba a esos sectores como responsables de su situación. No éramos conscientes de las vulnerabilidades que nuestro modelo social generaba. El tsunami de la Gran Recesión nos hizo ser conscientes de las mismas. Una crisis que se repartió entre amplias capas de la población y donde nuestro modelo de
integración demostró definitivamente su debilidad.

Hoy en 2019 ya no vivimos una situación similar a la precrisis. Vivimos en un momento de clara mutación social. Un cambio sin precedentes en el camino que parecía seguir nuestra sociedad desde el último cuarto del siglo pasado. Un tiempo donde las brechas que se están produciendo, como la desigualdad, la debilidad de los sistemas de gobernanza globales, la erosión de las instituciones públicas, la gestión insolidaria de las crisis, el ascenso de los particularismos y las actitudes reactivas y xenófobas que consolidan el individualismo posesivo están hipotecando nuestro futuro. Cambios a escala planetaria que alcanzanlos aspectos más esenciales de nuestro ser. 

¿Cómo se está produciendo la transición del modelo social? La gran desvinculación es la respuesta. Un camino forjado a lo largo de mucho tiempo, tanto por la influencia de los actores políticos y socioeconómicos clásicos, como del avance de los derechos humanos, de la economía social de mercado y el Estado de bienestar, de la aportación de la ética de las tradiciones religiosas o la emergencia de los movimientos sociales entre otros. Un camino sobre el que llevan tiempo apareciendo brechas que amenazan con romperlo, como la globalización sin gobernanza, o la erosión de las instituciones públicas, o el ascenso de perspectivas particularistas, reactivas y xenófobas. Brechas que nos desafían a decidir ante una serie de encrucijadas en las que nos encontramos. Hiperdesarrollismo versus sostenibilidad, desigualdad versus equidad, plutocracia versus ética pública; un conjunto de decisiones que tenemos que afrontar y que nos confrontan con un diagnóstico global del momento en el que vivimos cuyo desenlace permanece indeterminado. 

Vivimos en una sociedad desordenada y de ahí deviene nuestra inseguridad. Vivimos inmersos en un permanente avance tecnológico y, a la vez, en una creciente rebaja social. Estamos muy preocupados por nuestro  modelo de protección social, lo defendemos porque sentimos que está en peligro, y con él, nosotros mismos. La «recuperación de la economía» ha desvelado que son las bases de la sociedad democrática las que se tambalean. La inseguridad demográfica y la quiebra de la reproducción vital, la fragilidad democrática, la creciente desigualdad y la pérdida de vínculos entre las personas, no se deben al impacto de la recesión, esta solo ha hecho acelerarla. Vienen de atrás y suponen quiebras estructurales. Los riesgos sociales no se producen de forma natural, sino que son el producto de una concreta dinámica social. ¿Cuáles son esos riesgos sociales a los que nos enfrentamos? La fragilidad y el cambio demográfico, el incremento de la necesidad de los cuidados a lo largo de nuestro ciclo vital, la desigualdad como respuesta a la salida de las crisis o la deriva hacia una democracia sin densidad social, son algunos de ellos. No están todos, pero sí aquellos que entendemos pueden afectar en mayor medida ahora y en el futuro a personas concretas que viven una situación de permanente vulnerabilidad. Estos riesgos sociales nos dirigen hacia una sociedad desordenada e insegura.

Sin embargo, la tendencia de mejora de la economía ha impactado positivamente en la evolución de la exclusión global en España, pero con la precariedad como característica principal. La integración social comienza a mostrar fracturas entre aquellos hogares que viven bien y aquellos a los que se les ha agotado «la reserva», viven al día y saben que, ante una nueva crisis, serán los primeros en caer en situaciones de pobreza y exclusión. La persistencia en la exclusión (18,4% en 2018 frente al 16,4% en 2007) e incluso el empeoramiento de aquellos hogares que peor estaban durante la crisis, nos muestra la existencia de profundas fracturas, que van más allá del ciclo económico. 

Las consecuencias de los viejos y nuevos riesgos sociales se despliegan tanto en las dimensiones de la exclusión como de la desigualdad, ambas de una forma multidimensional. La evolución de la exclusión en España nos muestra que la mezcla de baja calidad en el empleo y costes de la vivienda se convierten en una combinación característica de nuestro país y definen las dos principales dimensiones, cuantitativamente hablando, por las que los hogares y las personas llegan a la exclusión. De forma complementaria, sin embargo, al analizar la desigualdad, observamos que son las dimensiones del aislamiento social y del conflicto las que nos alejan más del conjunto social. No tener empleo o ser este de bajos salarios, junto a no poder hacer frente al gasto de la vivienda nos lleva a la exclusión social, pero si además no tenemos en quién apoyarnos o tenemos algún problema de salud mental o drogodependencia nos sitúa en la máxima desigualdad. Caracterizar y dar dimensión a las situaciones de mayor acumulación de dificultades favorece la articulación de respuestas urgentes y, además, el estudio de los procesos de exclusión permite identificar los procesos de desigualdad social que los originan. 

La vida de las personas no depende solo y exclusivamente de sus ingresos económicos para sentirse o estar de manera efectiva integrados en la sociedad. Es la fusión de nuestra posición en el mercado, elacceso y cobertura de los derechos políticos y sociales, y la fortaleza de nuestra familia y red social la que nos ubica más cerca de un espacio de integración o de exclusión de los bienes materiales, sociales y relacionales. Y es en esa relación multidimensional donde se explica con mayor profundidad las consecuencias de los riesgos sociales a los que estamos sometidos. Riesgos que encuentran respuestas tanto a nivel europeo como en España, y que se concretan en políticas sociales que están en la base de nuestro Estado de bienestar. La política social no es neutra, siempre es réplica de cómo las necesidades y demandas sociales se articulan en marcos institucionales concretos, en conflictos sociales y de intereses determinados y bajo la influencia del propio curso de la historia. ¿Qué respuestas estamos dando a las consecuencias de la gran recesión? El papel de las políticas sociales en la salida de la crisis es clave para entender cómo estamos enfrentando a la misma. La salida «macroeconómica» de la crisis puede darse por resuelta a partir de 2015 a pesar de una creación de empleo de baja calidad y un entorno europeo de alta incertidumbre económico y financiero, y sobre todo institucional. Las políticas sociales se han ido recuperando muy lentamente y de manera desigual; algunas incluso con enorme dificultad, como es el caso de las políticas de promoción de la autonomía personal y atención a la dependencia. Entre servicios y prestaciones económicas ha tenido lugar un comportamiento diferencial, así como dentro de cada subsector de actividad.

Los servicios públicos fundamentales han sufrido acusados recortes (caso de educación, sanidad, dependencia) que han afectado a la accesibilidad, disponibilidad, asequibilidad y adaptabilidad de los servicios a las situaciones de necesidad. Al ser servicios intensivos en trabajo profesional, el recorte salarial y de las plantillas ha afectado a la calidad de los mismos. Ello se ha traducido en crecientes desigualdades en el caso de la sanidad y, particularmente, en el sistema de dependencia. Ciertamente, la crisis ha sido también una oportunidad para mejoras relativas en coordinación y eficiencia. Pero lo que es necesario destacar es el retroceso en la inversión en infraestructuras y el impacto del efecto sustitución relativo que se ha dado, por ejemplo, en la extensión del seguro privado como compensación a las deficiencias del sector público sanitario o, en el caso de la educación, en el aumento de la ratio de alumnado y la carga electiva para el profesorado o las dificultades para la obtención de una beca. La LOMCE no ha logrado generar los necesarios consensos en el desarrollo educativo. Destacar el impacto de la crisis en el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia que en los años 2012-2015 sufrió una profunda regresión que amenazó su continuidad, posteriormente en parte revertida a partir de 2016. La rama de servicios sociales ha sufrido la presión de una creciente demanda social con recursos menguantes, deficiencias críticas y amplias desigualdades territoriales en la oferta. Finalmente,
las políticas de vivienda durante la crisis no han podido sentar las bases de un sistema residencial garantizando el acceso a las personas más necesitadas a una vivienda digna. El sistema de prestaciones económicas, por el contrario, no ha sufrido los recortes aplicados en los servicios públicos fundamentales. Su naturaleza de estabilizadores automáticos y el efecto demográfico han jugado en favor de la contención del gasto más que de su recorte. Sin embardo, algunas reformas esenciales, caso del sistema de pensiones, no han logrado consensuarse. Las prestaciones familiares y por hijo a cargo han seguido una evolución declinante que les ha incapacitado para hacer frente con eficacia al reto de la pobreza de los hogares con niños. Finalmente, los esquemas de garantía de ingresos mínimos en España, con sus diversos subsistemas, han sufrido reformas permanentes o desarrollos con muy diferentes efectos en cobertura e intensidad protectora. Su característica definitoria es su limitada cobertura y su baja intensidad protectora, que limita su capacidad para reducir la pobreza relativa, aunque sí la severa.

Unas políticas públicas, tanto de servicios como de prestaciones, que se ven atravesadas por tres aspectos que condicionarán su futuro. Nuestra capacidad para fortalecer los valores de la solidaridad entre generaciones, la trascendencia que otorguemos la ciudadanía a la propia legitimidad del Estado de bienestar, y, por último, el compromiso fiscal que seamos capaces de demostrar con las mismas.

Pero la reacción ante la Gran Recesión y la respuesta de nuestros mecanismos de inclusión no solo se sustentan en lo que aportan el mercado de trabajo y las políticas sociales. El papel de la ciudadanía y el pensamiento que la mueve es clave. ¿Cuál está siendo la evolución de la reacción social contra la crisis? ¿Esta evolución es un camino hacia nuevas formas de un sentir democrático, hacia la puesta en práctica de renovados ideales o también un reforzamiento cultural de la desvinculación, el desengaño y quizá el resentimiento? ¿Cuáles son las claves para la reconstrucción de nuestro horizonte ético? Las respuestas a estas preguntas nos deberían ayudar a gestionar la diversidad actual de indignaciones y la necesidad de extender puentes para el diálogo. Aquella indignación originaria, simbólicamente representada en España en el 15M, se expresa hoy de maneras distintas a entonces, y algunas de sus expresiones se traducen en aporofobia, xenofobia y particularismos que nos alejan del sentido de la comunidad democrática en la que creemos. La indignación sigue aquí, activa, y como sociedad deberíamos ser capaces de abrir una amplia conversación pública al respecto.


Necesitamos una propuesta de horizonte ético, una pedagogía de la indignación y la esperanza. Es urgente confrontarnos con esas expresiones: generar incentivos y construir espacios para el empoderamiento social y político de las personas más afectadas por la crisis, evitando su desaparición del espacio público; aliviar la desesperación de quienes sienten que cargan con un peso insoportable; combatir la distracción de quienes bastante tienen con superar las pruebas de cada día, proporcionando seguridades básicas alternativas que las permita elevar su mirada más allá del cortísimo plazo; y estar pendientes de las señales de desesperanza que existan en nuestro entorno, porque cuando la esperanza desaparece de nuestro horizonte personal y social desaparece también nuestra capacidad de pensamiento estratégico, en el que vemos el futuro con las uerzas del presente.

Entonces, la transición de nuestro modelo social; sujeto a un conjunto de riesgos sociales que generan unas consecuencias concretas en la población; a las que damos respuesta a través de un conjunto de políticas sociales; en un contexto de indignación e incertidumbre necesitado de una pedagogía de la esperanza; nos obliga a plantearnos una última pregunta en este relato que es el VIII Informe FOESSA: ¿necesitamos entonces nuevas formas para la inclusión social? Los tradicionales mecanismos de inclusión vía mercado de trabajo, vía derechos y las políticas que los sustentan, vía responsabilidades individuales y compartidas, están mutando. Las dificultades a las que se enfrenta la sociedad española son hoy multidimensionales y todavía no hay suficientes respuestas para poder reorganizar nuestros mundos. Ese es el gran desafío que debemos afrontar. La incertidumbre proviene de que no conocemos a ciencia cierta cuales son las políticas que hay que poner en marcha para revertir esa situación. Las herramientas del pasado no son suficientes, y no estamos seguros de cuáles van a ser necesarias para el futuro. 

Construyendo futuro en un espacio de responsabilidades compartidas supone que para que se vayan consolidando esas necesarias transformaciones y despejando las incertidumbres se hace necesario el compromiso y la implicación de todos para alcanzar un nuevo contrato social. Serán los procesos sociales los que consolidarán los cambios, ya que las nuevas prácticas no son simplemente una prolongación de lo que antes había, sino que desafía nuevas actitudes o combina elementos de diferentes ámbitos. 

Con ello se abre la necesidad de crear un sector público compuesto por el espacio de trabajo conjunto de las administraciones públicas, las entidades no lucrativas y las empresas sociales, con las iniciativas ciudadanas y profesionales. Una nueva combinación de prácticas sociales para poder dar respuesta a las necesidades o problemas hoy planteados, y ello implica un cambio de patrones de comportamiento de los miembros de ese sistema social. 

Y todo ello desde la perspectiva de «no dejar a nadie atrás». Una Sociedad Desvinculada que necesita revincularse, y donde la comunidad tendrá en el futuro un papel esencial.

FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI, DÍA DE LA CARIDAD
(23 de Junio de 2019)
Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral Social «Y RENUEVAS LA FAZ DE LA TIERRA» (Sal.103)
La celebración de la fiesta del Corpus Christi nos ofrece una vez más la oportunidad de agradecer y alabar a Dios por el don de la creación, y, sobre todo, el regalo de su Hijo
Jesucristo sobre el ara del altar.

La creación alaba a su Creador.

La creación es bella porque ha salido de las entrañas del Creador. Dios en su amor infinito nos ha donado el reflejo de su Hermosura: “Y vio Dios que era bueno” (Gn 1 ). Y hoy en la solemnidad del Corpus Christi, las calles de pueblos y ciudades se engalanan con el color y la fragancia de flores y plantas, tomillo y hierbabuena...lo mejor de nuestros campos y jardines para el Cuerpo de Cristo. Él nos bendice pasando por donde vivimos y nosotros lo alabamos con los frutos y semillas de la tierra que nos sustenta. Ancianos, enfermos, niños, jóvenes y adultos, todo el Pueblo de Dios irá caminando y cantando al Amor de los amores. Adoro y confío.
También es verdad que la belleza de la creación está siendo maltratada, contaminada, expoliada y sometida a la cultura del descarte. Nos exhorta el Papa Francisco: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar” 1 . Es reconfortante saber que el amor de Dios,
nuestro Creador, no nos deja: camina y trabaja junto a nosotros dándonos su luz y su fuerza para encontrar nuevos caminos que aviven el gozo de la esperanza. Y hoy miramos el cielo y la tierra con una mirada contemplativa y comprometida para colaborar con Dios en la restauración de la belleza de la creación “porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm 8,19). De este modo podremos acercarnos sin miedo, con valentía y coraje, a los desiertos materiales y espirituales por los que estamos atravesando y que, con frecuencia, nos lleva a beber en aljibes agrietados. Eucaristía y creación van estrechamente unidas. Al celebrar hoy la Eucaristía se puede “experimentar intensamente su carácter universal y, por así decir, cósmico. ¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra en cierto sentido, sobre el altar del mundo. Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación”.

Tus criaturas custodiamos la belleza y la dignidad humana.
Los hombres de hoy y de mañana necesitamos asombro y entusiasmo para afrontar los desafíos que estamos viviendo, y que se vislumbran en el horizonte, para que la humanidad reanude su camino con buen ánimo y mucho sentido común, buscando siempre el bien, convencidos de que: “El Creador no nos abandona, nunca dio marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado” 3 . Dios cuida  y alimenta a su pueblo como lo hizo con el pueblo de Israel, ofreciéndole el maná para que no desfallezcan. Ahora es Jesucristo el que se nos ofrece como Pan de Vida cuando celebramos la Eucaristía, memorial del sacrificio en la Cruz y de la Resurrección. En la solemnidad del Corpus Christi, día de la Caridad, el Señor nos llama a descubrirle y a encontrarnos con su imagen en todos los hombres y mujeres, sirviéndole en cada  uno de ellos, de modo especial, y con inmensa misericordia y compasión, en los más pobres, frágiles y necesitados. Es un tiempo de gracia, propicio para parar el frenético y acelerado ritmo de vida que llevamos con frecuencia, descuidando el ir a lo esencial

de nuestra vida, como discípulos misioneros del Señor. Hoy se nos hace una gran donación, un gran regalo del cielo a la tierra, que nos llena de alegría y que no encontraremos en otro sitio. Hoy, día de la Caridad, hemos de pedir con insistencia y de manera reiterada a la Trinidad Santa que purifique nuestra mirada:  
“Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). Sólo así podremos ver con los ojos del corazón, asombrarnos y custodiar la dignidad del hombre, creado imagen y semejanza de Dios. Los ojos de la fe son los que ven lo bello de cada persona y se maravillan ante la belleza de la creación y el amor sin límites del Creador. 
La caridad defiende la faz de los pobres.
Al celebrar el Cuerpo de Cristo experimentamos su entrega “hasta el extremo” (Jn 13,1) y somos enviados al mundo para ser testigos de la compasión y la misericordia del Señor por cada hermano. Vamos hacia ellos con los mismos sentimientos de Jesús. Hoy, día de la Caridad, la Iglesia nos recuerda que la Eucaristía sin caridad se convierte en culto vacío, tantas veces denunciado en la Sagrada Escritura y por el Magisterio de la Iglesia. S. Juan Pablo II nos decía: “No podemos engañarnos: por el amor recíproco y, en especial, por el desvelo por el necesitado seremos reconocidos como discípulos auténticos de Cristo 4 . Este es el criterio básico merced al cual se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas 5 . Damos gracias a la Trinidad Santa por las manos generosas al servicio de la caridad que dedican su tiempo y entregan su persona al servicio de los necesitados en Cáritas y en otras instituciones de la Iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que haga de nuestra vida una entrega creíble en todo momento a los “heridos por la vida”: pobres; sedientos de Dios; transeúntes; emigrantes con sus adversidades; refugiados; familias desestructuradas; marginados; personas atrapadas y esclavizadas por las drogas, el alcohol u otras dependencias; la trata de mujeres en la esclavitud de la prostitución;

las estrecheces por las que pasan los desempleados; ancianos solos; enfermos mentales; necesitados de compasión.
La Venerable Madeleine Delbrêl nos enseña: “Nosotros tenemos un corazón para compadecer, manos para cuidar, piernas para ir hacia todos los que sufren” 6 . Esto quiere decir que, cuando la Palabra y la caridad van juntas se anuncia a Cristo. La Palabra sin caridad corre el riesgo de ser pronunciada solo a flor de los labios. La caridad sin la Palabra se arriesga a silenciar su origen. El Cuerpo de Cristo nos urge a acompañar a los pobres y construirles andamios de esperanza en un futuro mejor, como Dios quiere. No olvidemos que Jesús mismo nos ha dicho en una página solemne del Evangelio, que lo que hagamos o dejemos de hacer con los necesitados, a Él mismo se lo hacemos (cf. Mt25) Ponemos bajo el amparo de la Virgen María, consuelo de los afligidos, toda la creación y a todo hombre y mujer, para que nos lleve a Cristo, Luz de los pueblos, con el fin de que se renueve la faz de la tierra y la faz de los pobres.
Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Notas:

1 FRANCISCO, Encíclica Laudato Si, 13. 

2 BENEDICTO XVI. Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum caritatis, 29  

3 FRANCISCO, Encíclica Laudato Si, 13. 

4 f Jn 13.35; Mt 25,31-46. 

5 San JUAN PABLO II. Carta apostólica Mane nobiscum domine, 28.

6 Delbrel, M., Gilles F. y Pitaud, B., “El bello escándalo de la caridad”. Narcea, 2016.

 

 

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Campañas y eventos Xoves, 28 Febreiro 2019 12:05
Novo programa de maiores de Cáritas Interparroquial.
 

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Campañas y eventos Xoves, 21 Febreiro 2019 13:40

Finaliza la acción formativa en Técnico de ahorro de energía en el hogar para desempleados organizado por Cáritas y Fundación Naturgy en colaboración con ANERR y ECODES

Cáritas Diocesana de Santiago- Interparroquial A Coruña, la Fundación Naturgy, la Asociación Nacional de Empresas de Rehabilitación y Reforma (ANERR) y la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES) acudieron a la clausura oficial y entregaron los diplomas a los 11 alumnos que finalizaron la acción formativa en Técnico de ahorro de energía en el hogar.

El acto, que tuvo lugar el 20 de febrero a las 11 horas en el Centro de Formación Violetas de Cáritas, en A Coruña, contó con la asistencia de la directora de Cáritas Interparroquial, Pilar Farjaslasubdirectora de proyectos sociales e internacional de la Fundación Naturgy. Ester Sevilla ,la directora Gerenal de ANERR, Isabel Alonso, el responsable del Centro Violetas Luis Sangiao y el equipo responsable del Centro de Formación Violetas.

La acción formativa estuvo destinada a desempleados, preferentemente con experiencia previa en el sector de la construcción, y tuvo una duración de 200 horas teórico-prácticas. El objetivo del proyecto ha sido generar un nuevo perfil profesional para atender a hogares vulnerables que aúne conocimientos multidisciplinares de intervenciones de rehabilitación energética, optimización de contratos de energía y formación sobre hábitos de consumo eficiente.

Al finalizar la formación, de la mano de las empresas de rehabilitación vinculadas a ANERR (Roca Santiuste, Videga Viviendas de Galicia 2007, Villar Construcciones y Reformas, Arkivolta), las personas participantes tuvieron la oportunidad de poner en práctica los conocimientos adquiridos en hogares vulnerables, seleccionados por Cáritas, donde pudieron aplicar las medidas de optimización de contratos, rehabilitación energética y recomendaciones de hábitos aprendidas, según la programación del curso.

 Plataforma de Formación para todos los agentes de Cáritas


CURSO DE ATENCIÓN SOCIO SANITARIA A PERSOAS NO DOMICILIO

Próximamente en el Centro Violetas se iniciaran dos nuevas acciones formativas:

Código de conducta para los agentes de Cáritas.

Plan estratégico de Cáritas 2018-2020

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